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martes, julio 28, 2015

Pedaleando por la Sierra de Albarracín

Llega el verano y, con él, los días más largos, el café con hielo, los campamentos scouts y nuestra ruta en bici aprovechando el fin de semana libre. Esta vez, con más miedo e inseguridad por mi parte tras un año sin apenas entrenamiento ciclista. Ismael preparó una ruta con menos kilómetros y  -sobre todo- menos puertos de montaña. Aún así, todavía me duelen hasta las pestañas. Y es que Teruel existe, y sobre todo existe el viento que lo sacude, el sol abrasador, los toboganes en la carretera y los falsos llanos que no tienen nada de llano.

Sólo faltó la niebla para completar la canción de Labordeta: el polvo, el viento y el sol los sufrimos con creces
Salimos el viernes con la furgoneta y la aparcamos en La Puebla de Valverde, al lado de La Fondica de la Estación. El primer tramo - por la Vía verde - ya lo conocíamos, y lo recorrimos bastante alegres, sin apenas sentir el peso de las alforjas. Pasada la salida del camino de Fuente Cerrada, por el que se accede a Teruel, llegamos a la estación de Valdecebro donde hacemos un alto para comer algo. Desde allí hasta Caudé quedan unos 19 km. En este punto salimos de la Vía Verde, y nos acercamos al pueblo.

En Caudé el bar abre sólo por la tarde, pero tenemos suerte y los dueños de la tienda nos venden una de "sus" barras de pan, jamón, tomate y cerveza fría: no se puede pedir más. Nos indican la salida a la carretera hacia Albarracín por un atajo, primero una pista sin asfaltar, luego cruzar una vía de tren abandonada, y al fin la carretera prometida.

Cruzando la vía del tren
Desde aquí hasta Gea de Albarracín son 10 kilómetros de pesadilla por culpa del viento en contra que nos impide avanzar por mucho que pedaleemos. Varias ideas se me pasan por la cabeza: que si volver a Teruel, que si llamar a un taxi, que si tirar la bicicleta por el terraplén, que si tirarme yo o tirar a Ismael. Pero al final no queda otro remedio que seguir pedaleando y llegar hasta Gea o más bien hasta su bar de carretera, donde me recupero con una cocacola light (en la comarca les ha dado la manía de tener Estrella Damm en los bares, y me han fastidiado el viaje: hasta Teruel no pude tomarme una Ambar).

Desde Gea hasta Albarracín se para el viento y el paisaje cambia, la carretera sube y baja pero siempre al lado del río Guadalaviar. En una de sus entradas nos paramos a refrescarnos y nuestros pies reviven agradecidos, los músculos suman potencia y logramos llegar hasta nuestro hotel: el Albarracín, ubicado en el Palacio de la Brigadiera y en el que nos dan una habitación en la que durmió la mismísima reina: no creo que durmiera más a gusto que yo la siesta. Después del baño en la piscina, nos damos un paseo por sus preciosas calles. Corto, que tiene muchas subidas y bajadas. Tras la cena y una copa en El Molino del Gato, volvemos al dormitorio real del que salimos ya a la hora del desayuno.

A la orilla del río Guadalaviar
Los aposentos reales en Albarracín
Nuestro destino hoy es Teruel, pero por una carretera distinta a la de ayer. Nos dirigimos primero a Bezas atravesando uno de los parajes más bonitos de la provincia (y de España!): los Pinares de Rodeno. Una combinación de rocas, pinos, cuevas y pinturas rupestres que nos tiene embelesados casi 20 kilómetros, y ni notamos las cuestas arriba y abajo de la carretera. Para volver y recorrer sin prisa los senderos, sin bicicleta y con las botas de montaña.

Eoooooo....
...soy el Rey del Mundo!!
Tras Bezas, llegamos hasta Teruel por El Campillo y San Blas. La ciudad bulle por la Baja Aragón y los bares y hoteles están repletos: menos mal que nos recogen nuestros amigos Juan y Giu en un apartamento, y podemos ver la etapa del Alpe d'Huez (Ismael) y echar la siesta (Yo). Hoy no me he cansado tanto como ayer, pero creo que va acumulándose y las piernas me duelen más. La cena en Los Caprichos termina de arreglarnos el cuerpo.

Sólo queda la última etapa y la más corta: salir de Teruel por Fuente Cerrada hasta la Vía Verde, subir el puerto del Escandón y bajar hasta La Puebla de Valverde. Nos esperan en Camarena nuestras hijas y el resto del grupo scout, pero hasta allí vamos con las bicis en la furgoneta. Las aventuras ciclistas se acaban de momento, aunque pronto volveremos con más fuerza! o al menos la misma!

Hasta la próxima Teruel!

lunes, julio 22, 2013

Entre Albacete y Jaén (y 40 grados a la sombra)

Es el segundo año que el grupo Scout de mis hijas se va a Albacete de campamentos, y como solemos hacer planeamos la visita del día de padres combinada con una ruta en bici por los alrededores del campamento. El hombre es animal de costumbres y el ciclista el único ser que se tropieza dos veces en la misma piedra, si no, es imposible entender cómo volvimos a rutear por allí después del calor que pasamos aquel año y que este año, como es normal, se ha repetido (y yo creo que multiplicado) entre las provincias de Albacete y Jaén.

El jueves salimos de Valencia ilusionados y con las bicis en la furgoneta, más la tienda, los sacos, la ropa y las alforjas. Sobra espacio en la Nissan Evalia, y estamos seguros de que este verano le sacaremos partido.

La Roja!

En el camping de Riópar la primera noche, nosotros dormimos en tienda, y las bicis en la furgoneta
Por la mañana nos entretuvimos un poco. Se ve que la cena del chuletón y el ajopringue merecía un sueño reparador. Y que plegar la 2seconds es un poco complicado. Colocar las nuevas alforjas del Lidl en mi bicicleta también costó un poco, y luego que rozaban, y que Cucumber tuvo que ponerles una pulpo a cada una para sujetarlas bien.  Pero finalmente colocamos todo en su sitio y empezamos a pedalear. Entre unas cosas y otras, eran las 9.30 de la mañana. Un error que luego pagaríamos caro.

El ajopringue en Riópar

Las alforjas del Lidl (son para bicis más grandes)
Salimos de Riópar en dirección al nacimiento del Río Mundo, y comenzamos ya subiendo un puerto lindo, el de El Arenal. Hasta llegar arriba, vimos un ciervo, un puerco-espín, lagartijas y culebras y oímos cantar a las chicharras. Eso sí, no vimos ningún anfibio, y eso que el cartel lo prometía.

El de verde no es anfibio

En el puerto del  Arenal, ya picaba la subida.
Desde allí continuamos la carretera hasta un cruce en dirección a Villaverde de Guadalima. Y allí comienza la ascensión a un puerto que jamás olvidaré: El Bellotar. En la última etapa de montaña del Tour de este año, Nairo Quintana logró la victoria en el puerto de Semnoz, un lugar del que nunca habíamos oído hablar. No es el Tourmalet, no es Alpe d'Huez, pero ese puerto largo y duro se nos hizo interminable. Lo mismo me pasó a mí en El Bellotar. No es el Angliru, no son los Lagos de Covadonga. Pero el Bellotar, con su 8% de desnivel, las alforjas y el calor que caía a plomo, casi puede conmigo. Gracias al agua que encontrábamos por el camino, que pudimos llegar arriba.

Agua va!

En la cima del puerto
Llegamos al pueblo de Bienservida donde pudimos recuperar fuerzas y líquidos, y hablar con unos lugareños que nos hicieron cambiar de idea en nuestro siguiente recorrido: en vez de llegar a Puerta del Segura por otro puerto de montaña, decidimos dar un rodeo de 10 kilómetros más y algo más llano. Digo algo más llano, porque la carretera no dejaba de subir y bajar entre olivos. Estábamos ya en la provincia de Jaén, a la que creo que volveré otra vez, pero no a las 2 del mediodía.

Arde la carretera

Polvo, niebla, viento y sol
Por fin llegamos a Puerta de Segura. El pueblo no pudimos verlo mucho porque, cuando salimos, a las 7 de la tarde, nos volvimos corriendo al hotel. Y es que no se podía estar por la calle. Cuando volvimos a salir a las 9.30, ya pudimos darnos una vuelta por la orilla del rio Guadalimar, la iglesia y el castillo, para acabar cenando en La Caseta de los Cañamares, un lugar con mucho encanto en una especie de playa artificial.

Al día siguiente decidimos acortar un poco la ruta, por no andar pedaleando a horas intempestivas. Salimos de Puerta de Segura y de Andalucía de vuelta hacia Albacete, en una carretera ya sin muchas subidas. La cosa se pone peor cuando divisamos a lo lejos el pueblo de Siles, último pueblo antes de dejar Jaén, y que se encuentra en un collado al que tenemos que subir para atravesarlo y despedirnos de la provincia.

Hasta pronto Andalucía
Ya nos queda poco hasta llegar a Riópar, pero antes de llegar nos espera la última prueba: subir el puerto de El Arenal por el otro lado, ese que habíamos subido sin enterarnos el primer día. Esta vez cuesta un poco más pero finalmente lo conseguimos. En Riópar nos espera la cerveza reparadora y un buen almuerzo.

Huevos, longaniza, tomate del bueno...y la Mahou
Todas las penalidades habían pasado y aún quedaba lo mejor: la tarde-noche en el Balneario de Benito, un masaje y un circuito termal que terminó de arreglarnos el cuerpo. El lugar es increíble, y os lo recomiendo encarecidamente.Un complejo hotelero al que volver, y si es tras un esfuerzo bicicletero, mejor que mejor!.

Aquí os dejamos el mapa de la ruta, por si alguien se anima alguna vez



lunes, julio 23, 2012

Pedaleando entre las Sierras de Urbión y la Demanda

Como ya viene siendo uso y costumbre, hemos pasado unos días pedaleando cerca del campamento scouts en el que nuestras hijas acampan la segunda quincena de julio. Este año les tocó en Vinuesa, en la provincia de Soria, probablemente el lugar con más campamentos de España y uno de los más bonitos que he visto. Nuestra ruta, circular, empezó y terminó en ese lugar, y se desarrolló por tres provincias: Soria, Burgos y La Rioja; atravesamos tres sierras, la de la Demanda, la de Urbión y la de Cameros ; y subimos cuatro puertos: el del Perondillo, el del Collado, el de Montenegro y el de Santa Inés, además de la espectacular subida a la Laguna Negra.

Las cigüeñas de los pueblos de Soria nos cuidaron el primer día
El primer día salimos de Vinuesa con ganas y un buen desayuno patrocinado por el bar de la carretera, ya que en el camping El Cobijo, donde dormíamos, no tienen costumbre de madrugar. Íbamos en dirección a la provincia de Burgos, y seguimos el cauce del río Duero, saludando a las cigüeñas de Molinos del Duero y Salduero. La subida era sin prisa pero sin pausa, y sin apenas darnos cuenta alcanzamos la cima del puerto del Perondillo:

A 1202 metros, y sin despeinarnos


Y digo sin apenas despeinarnos, porque ese primer día parecíamos mi mono amedio y yo, y éramos dos que sin temor suben y bajan montañas. Como el equipo pedaleando se moderniza, nos hemos comprado unos teléfonos que valen para todo, (menos para llamar que aún no nos hemos aclarado). Conectado el teléfono con Endomondo, un programa para rutas, podemos ver los perfiles que hemos hecho, los kilómetros, y hasta las calorías gastadas: aquí tenéis un ejemplo de esas primeras horas pedaleando, y de esas subidas y bajadas que os comento:


Y así subiendo y bajando llegamos a Quintanar de la Sierra, ya en la provincia de Burgos, y desde allí nos dirigimos al norte, hacia el Puerto del Collado. El Puerto nos lo tomamos con calma, pues el paisaje lo merecía: rodeados de pinos y otros árboles majestuosos, con el silencio de una carretera apenas transitada, sólo se oía mi respiración y a la señorita de Endomondo que me hablaba en inglés: me paré a quitarlo, claro.

Subiendo a El Collado
Por fin acabó el puerto (este no tenía cartel), y comenzamos a bajar hacia el pueblo de Neila, donde nos almorzamos un par de huevos fritos con jamón que nos hicieron olvidar los dos puertos que habíamos subido. Eso si, después de comer, con el calor del mediodía, y lo que nos quedaba hasta Huerta de Arriba, nuestro destino, nos acordamos de los huevos más de dos veces:

El almuerzo en Neila
Al llegar a Huerta de Arriba el cuentakilómetros marcaba 65 kilómetros. Buscamos a Maite, la dueña de la casa rural y del bar del pueblo, y pudimos descansar viendo ganar a Valverde en los Pirineos: nosotros nos sentíamos un poco Valverde, igual de contentos después de la ruta. 

Al día siguiente, salimos hacia La Rioja, con niebla y bastante frío, hasta echar de menos los pantalones largos (yo). El paisaje era un poco fantasmal, pero igual de bonito que el día anterior. Nos adentramos en un bosque de pinos y helechos, por carreteras estrechísimas, donde no vimos ni un sólo coche (lo único que vimos fueron vacas).

Cucumber entre la niebla mañanera
 Ese dia el Endomondo se lo puso Cucumber en el móvil, y podéis ver la ruta aquí. Como podéis ver en el perfil, en la parte gris, después de una primera subida ibamos bajando casi todo el rato. No pasó mucho tiempo hasta que tuve que parar a ponerme el chubasquero, para cortar un poco el aire congelante. Durante la bajada nos encontramos el embalse de Mansilla de la Sierra, que rodeamos en un espectacular paseo.

Con el chubasquero rodeando el embalse
 Desde Viniegra de abajo empezamos a subir hasta Vinegra de Arriba, como sus propios nombres indican. Y en la plaza de este último, nos refrescamos en la fuente y cargamos con agua fresca, pues empezaba a hacer calor. E hicimos bien, pues desde aquí comenzaba la ascensión al puerto de Montenegro: un puerto durísimo, con unas rampas impresionantes, porcentajes del nosecuantos por cien y paisaje de alta montaña. Cucumber se armó de paciencia para esperarme.

A ver si viene esta chica!

Lo conseguí! Y sí, son 1592 metros.
Desde allí a Montenegro de Cameros bajamos en un momento, y los últimos 8 kilómetros, hasta Villoslada de Cameros, son un paseo muy agradable, de bajada. El pueblo nos encantó, aunque como llegamos un poco tarde no encontramos sitio para comer. La chica del Casino nos ofreció olivas, pepinillos, y cacaos, y con eso y un helado aguantamos hasta las 9, donde nos dieron de cenar estupendamente en la Posada Hoyos de Iregua, donde nos alojábamos.

Yo me fui a dormir preocupada, porque al día siguiente nos esperaba la etapa reina. Primero, los 8 kilómetros de subida hasta Montenegro que habíamos hecho el día de antes. Y a la salida del pueblo, comenzaba lo que sería el primer reto del día:

Tengo miedo, mamá!
Santa Inés es un puerto largo y tendido. En el perfil de Cucumber podéis ver la subida, desde Villoslada hasta la cima. Son más de 9 kilómetros de subida sin ningún descanso. A mí me sobra hasta el casco, pero consigo llegar hasta arriba, con un promedio ridículo pero bastante contenta.

En el puerto de Santa Inés, arriba del todo!
En Santa Inés hay una pequeña estación de esquí y un restaurante con extraordinarias vistas donde almorzamos para coger fuerzas para el segundo reto de la jornada. A la bajada del puerto, a 8 kilómetros de Vinuesa, está el desvío hacia la Laguna Negra, un paraje precioso situado en la Sierra del Urbión, cuyo pico vigila desde las alturas a los ciclistas que se atreven a subir a ella. Comenzamos la ascensión que en los primeros kilómetros es bastante suave, y da tiempo a admirar el paisaje.

Al inicio de la subida a la Laguna
La ruta parece algo complicada porque al llegar a un punto, la carretera se bifurca en dos: para evitar los atascos de coches han habilitado un segundo acceso a la laguna, de forma que se sube por un lado y se baja por otro. Este nuevo acceso lo han hecho aprovechando una antigua carretera que utilizaban para bajar madera, y resulta mortal para los ciclistas: las pendientes son muy pronunciadas y a punto estoy de abandonar. Y con algún trocito a pie, otro andando y otro pedaleando a 6 kilómetros por hora llegamos al parking de la Laguna. Los últimos dos kilómetros, rodeados de gente que va andando (y animando) resultan bastante épicos. Estamos arriba, en la Laguna Negra!

Yo ya no puedo ni sonreír!
Bajamos alegremente, sobre todo yo, que estoy contenta porque ya no tengo que subir más puertos! Y es que hoy todavía me duelen las piernas y estoy bastante cansada. Aunque reconozco que la ruta ha sido preciosa, y que no hay manera de recorrer esos sitios y de tener esas sensaciones si no es con nuestra bicicleta y las alforjas. Una ruta y una zona muy recomendable para pedalear.

sábado, julio 30, 2011

Pedaleando en Benasque

Aprovechando que las niñas estaban de campamento scout en Benasque, hemos pasado unos días por la zona. Nos llevamos las bicis, más que nada porque no estamos acostumbrados a ir solos en la furgoneta, y las dos bicis nos hacían compañía detrás. Más que nada por la compañía, porque pedalear no hemos pedaleado mucho. Y es que el Pirineo Aragonés es mucho Pirineo, y hace falta buenas piernas para recorrerlo en bicicleta.
Todo es grande en el Pirineo, menos nuestras (mis) fuerzas

Nos quedamos en el camping Los Baños, que se encuentra en la carretera de Benasque hacia los Llanos del Hospital. El camping es del viejo estilo, sencillo, pero con vistas espectaculares. Muy tranquilo, tiene un hotel-restaurante al ladito muy recomendable, de los mismos dueños del camping. La acampada scout se encontraba entre Benasque y nuestro camping, y se podía llegar por una pista que fichamos ya el primer dia, para recorrerla en bicicleta.

Nuestra casa , y las vistas espectaculares
A la mañana siguiente y tras un sueño reparador (no hay mejor lugar del mundo para dormir que en un saco doble de plumas) nos levantamos animosos para recorrer una parte de esta bonita zona en bicicleta. Salimos del camping y, en lugar de seguir por la pista hacia Benasque, subimos hacia arriba, hacia el Balneario de Benasque: un lugar algo tenebroso, aislado en lo alto, y al que para llegar las pendientes son enormes: sólo fueron tres kilómetros pero en Benasque los kilómetros son como los años de los perros: 1 kilómetro benasquino es como 7 valencianos.
Subiendo hacia el Balneario con ganas

Una vez arriba, comenzamos la pista que sube hacia los Llanos . La pista es algo complicada para las novatas como yo en la bici de montaña, ya sabéis que soy miedosa y no paraba de darle al freno asi que la bici se bloqueaba provocando que por dos veces acabara en el suelo, bueno más bien en las piedras, y con mis moraduras y un poco de mal genio seguí pedaleando, que remedio.

Qué poco corren los kilómetros en Benasque
La pista te saca a la carretera (con cierto alivio por mi parte) y los últimos kilómetros los haces en ella. El asfalto continua, pero no los coches, al llegar el parking de obligado cumplimiento: a partir de ahí solo pasan los autobuses cada media hora, caminantes y bicicleteros. Esta zona en invierno se convierte en unas bonitas pistas de esquí de fondo: ahora en verano es un lugar precioso, tan verde, tan extenso.
 

En Plan de Están, un lugar para perderse, sea en bicis o con esquís
El asfalto termina en La Besurta, un chiringuito de montaña donde paran los autobuses y donde puedes tomarte un refresco o un bocata, o las dos cosas a la vez. El lugar está ya a 1920 metros de altura. Desde aquí parten senderos y excursiones de todos los tipos, desde la más sencilla de la cascada del Aigüallut (que nosotros hicimos al día siguiente) hasta la cima del Aneto, que nos vigilaba de cerca. 

En La besurta nos habiamos ganado el almuerzo.
 
Comenzamos la bajada, y como ya estabamos entrenados decidimos al volver acercarnos al campamento de las chicas, por la pista que os comentaba. Esta pista creemos que llega hasta Benasque, aunque como no estábamos seguros, en la zona de acampada de Senarta salimos a la carretera, y por ella llegamos al pueblo. Por aqui ya no había cuestas pero la pista era un poco puñetera, con mucha piedra suelta, agua, y otros obstáculos (como vacas, por ejemplo):

Por la pista hacia el campamento

LLegamos hasta Benasque sin apuros, aunque lo malo fue la vuelta al camping: unos 9 kilómetros de subida que se me hicieron eternos, porque se acercaba la hora de comer y la gasolina se acababa. Al llegar, el menú del restaurante hizo milagros, y nos recuperamos en un pispás. Habíamos hecho unos 40 kilómetros y estábamos cansadísimos: la siesta en la tienda hizo el resto. Qué bien se está en la montaña!Al día siguiente dejamos las bicis e hicimos una excursión muy recomendable para todos los públicos: desde el parking, cogimos el autobús hasta la Besurta y de ahi caminamos hasta la cascada del Aigüallut. Continuamos hacia el Col de Toro, aunque la niebla repentina nos hizo bajar sin llegar a nuestro destino. Otra vez será! Aunque la próxima vez iré en verano, que por las noches hacía demasiado frío!

Vengan al Pirineo señores! (diez minutos más tarde llevaba el forro polar puesto)

lunes, julio 26, 2010

Pedaleando por la Sierra del Segura

Cuatro años llevando este humilde blog, seis bicicletas en la terraza de mi casa, treinta y tres rutas en el menú de la derecha y un montón de consejos más o menos acertados dados a todo aquel que me pregunte sobre las dos ruedas, pero lo cierto es que no había hecho una ruta con alforjas, apenas había recorrido en un mismo día más de 60 kilómetros, y casi nunca había pedaleado más de dos días seguidos: una asignatura pendiente que he podido resolver este fin de semana, cuando al fin se han alineado los planetas para poder disponer de tres días y salir en bicicleta.

EL mapa de nuestra ruta: el primer dia en rosa, el segundo en azul y el tercero en rojo: atención a la carretera fantasma

Salimos el viernes de Letur, Albacete, donde las niñas estaban de campamento scout después de dormir una noche en La Artezuela, una casa rural muy cercana a la zona de acampada que nos sirvió de apoyo logístico mientras estuvimos de cocineros en el campamento (nosotros no somos scouts, pero ayudamos un poco).  Salimos temprano pues en mi lista de miedos el calor ocupaba un lugar principal, y no me equivocaba. Sin embargo, a esa hora pedaleábamos alegres con destino al Balneario de Tus, un lugar perdido enclavado en un paraje inolvidable que comprende todo el valle del río Tus. Al principio tuve que acostumbrarme a las alforjas, que no me costó mucho. Y recorrimos los primeros 20 kilómetros sin apenas enterarnos, pasando por aldeas con nombres tan sugestivos como Casas del Collado (y otras muchas Casas) y Juan Quílez.

Acostumbrándome a las alforjas

A unos 15 kilómetros de Yeste empezó el infierno, el calor ya apretaba, y por mucha agua del bidón que me echara por la cabeza, por cada poro de mi cuerpo transpiraba, me sobraba hasta el maillot, y mi estómago empezaba a protestar. Cucumber me esperaba, bajaba a buscarme y me decía al oído ya llegamos, pero el cuentakilómetros corría y Yeste no aparecía. Menos mal que a él le sobraban fuerzas y me empujaba a ratos, y asi subimos la última cuesta, y entramos en Yeste. Tan cansados estábamos que le preguntamos a un señor si hasta el Balneario quedaba mucha subida. Quedaban apenas 15 kilómetros pero yo no me veía capaz de subir ni medio metro más-

En plena subida parando a descansar

En Yeste entramos a almorzar y paramos en el primer bar a la derecha, dejando el castillo y el casco histórico para otra ocasión. Alli, gracias a un bocata y a unas cervezas Estrella Levante, desde ese instante proveedor oficial de la ruta, pudimos recuperarnos y encarar el último tramo hasta el Balneario. Bueno, el almuerzo y que lo que quedaba era casi todo cuesta abajo.

En el Balneario de Tus nos bañamos en una piscina al aire libre y esperamos a nuestros amigos Jorge y Amparo, también padres de scouts, que venían con ganas de probar el agua medicinal. Los cuatro nos metimos en una piscina termal que parecía la de Cocoon, más que nada por el público allí presente, y salimos si no rejuvenecidos, si al menos recuperados y preparados para la ruta del día siguiente.

El Balneario de Tus, un lugar de otro tiempo
El sábado por la mañana, y tras un desayuno espectacular (que bueno estaba el jamón!) salimos del Balneario por la carretera en dirección a Molinicos, pasando por Moropeche y Llano de la Torre. Esta primera parte de la ruta era muy bonita, sobre todo cuando pasamos sobre las  verdes aguas del Embalse de la Fuensanta, con unas vistas preciosas.

Nuestras bicis en el Embalse de la Fuensanta
En Molinicos no teníamos mucha hambre (gracias al desayuno del balneario), pero almorzamos de todas formas, por lo que pudiera pasar. Y acertamos, pues empezaba entonces la parte más dura de la ruta, otra vez con el calor como compañero y unas cuantas subidas hacia la zona más alta de la Sierra del Segura. Nuestro destino ese día era Ayna, pero esta vez el pueblo no estaba en alto, sino que para llegar tuvimos que bajar hasta el río Mundo. Aunque como al día siguiente teníamos que volver a subir por la misma carretera, yo no disfruté de la misma manera.
La carretera a Ayna, con porcentajes del 7 %

A Ayna la llaman la Suiza Manchega, por su emplazamiento en las gargantas del Río Mundo, entre paredes y montes. Cuando llegamos paseamos un poco por el pueblo, aunque se acaba enseguida pues no hay sitio para más casas. De todas maneras, lo más bonito es su paisaje y las rutas por el río, que nos imaginamos, pues yo a las 8.30 ya buscaba un sitio para cenar. Lo encontramos en el Goterón, especialidad en carnes a la brasa (y ensalada, y huevos con patatas). Y a las 10 ya estaba metida en la cama del Hostal Miralmundo, cansada y con muchas dudas, dudas de si podría subir al día siguiente las cuestas, dudas de si llegaríamos a tiempo a la comida, dudas de si las piernas, ya doloridas, me responderían.

A la mañana siguiente me levanté mas descansada, pero con las mismas dudas. Me tomé un espidifén para completar el desayuno y salimos a las 8 de la mañana, despacio, tranquilos. Y subimos las cuestas, que para mi eran como el Tourmalet. Eran unos 9 kilómetros , 7 de ellos subiendo, y tardamos una hora, asi que mi promedio le daria risa a Contador, pero en fin, es lo que hay. Llegamos a Elche de la Sierra a las 9.30, muy bien de tiempo, y preparados para la última parte de la ruta dirección Letur.
Cucumber esperándome en el Mirador

Cucumber le tiene mucha fe a via Michelin, y todas sus rutas las prepara con esta página. También los mapas que compramos para nuestros viajes son de esta casa, y esta vez, como siempre, llevabamos nuestro mapa y yo la ruta impresa en mi bolso delantero, sacada de aquí- En este mapa, teníamos que salir de Elche de la Sierra en dirección a Riopar, y a unos 5.5 kilómetros coger un desvio hacia Letur en una aldea llamada El Entredicho. La carretera, siempre según Michelin, era la CM 3217. Pero llegamos al Entredicho y alli no había carretera por ninguna parte. Seguimos 4 kilómetros más y dimos la vuelta, convencidos de que nos la habíamos pasado. En el Entredicho había una casa habitada, aunque no se veía a nadie. Hasta que apareció Carlos, un niño al que le estaré siempre agradecida.

Le preguntamos por la carretera y nos señaló un camino que salia de la aldea. No entendíamos nada. Le preguntamos por sus padres, y salió su madre, para decirnos que el mapa estaba equivocado, que no éramos los primeros a los que le pasaba. No podíamos creerlo. ¿Una carretera fantasma? Asi es. La carretera está en proyecto desde hace años, pero no existe. Sólo hay una pista que hasta para bicicleta de montaña es díficil, como cuentan estos chicos del blog Brincalindes. Por supuesto que nuestras bicis no podían ir por ahi. Nos explicaron que la única alternativa era volver a Elche de la Sierra y coger otra carretera, hacia Socovos, y de alli a Letur: 40 kilómetros más.

Yo no suelo pedir muchos favores. Pero en ese momento me vino a la mente el cansancio de mis piernas, lo que ya llevaba, lo que me esperaba en Letur, las niñas, la comida del día de padres. Y con vocecita temblorosa le dije a esa familia: ¿y vosotros no podriais llevarnos en el todoterreno? las niñas nos esperan, no podemos llegar tan tarde. os pagamos lo que sea si hace falta. Por la cabeza de esa madre no sé lo que pasó. Pero el caso es que despertó a toda la familia, su marido echó las bicis a la pick-up,  y salimos de El Entredicho dirección Letur por 15 kilómetros de pista impracticable. Y es que por el mundo queda todavía gente buena. Y los Sanchez Molina, Los Viñas de El Entredicho, son de esa clase de gente.

Las bicis en la pick-up salvadora
Llegamos a Letur, pues a falta de pedalear 15 kilómetros de los planeados. En total, unos 160 kilómetros en bici por las carreteras de Albacete. Buen lugar para visitar, parajes preciosos. Y una experiencia humana inolvidable. Repetiré mi hazaña, eso si , si puedo no será en julio. O eso o me llevo el ventilador de casa metido en las alforjas.